El último susurro
Una tormenta de emociones me embriagaba. Todo lo que había reprimido durante años se disolvía en una sensación de liberación y pavor. Los recuerdos desaparecían, pero no mis pecados. Durante tanto tiempo había querido borrar cada súplica, cada grito, y ahora que lo lograba, me sentía vacío. No eran mis viles acciones lo que me perturbaba, sino la ausencia de ellas. Como si, al perder esos recuerdos, también desapareciera la persona que veía en el espejo. Imposible. Esas atrocidades no podían definir mi presente. Quise gritar desde lo más profundo de mi garganta, pero ni siquiera al deshacerme del pasado podría cambiar el futuro que me había trazado. Al menos yo no tenía a nadie, nadie que me deseara descanso eterno, como aquellos soldados a los que hice callar con su último aliento. Aunque, para alguien como yo, el descanso no era una opción cuando la Moira cortara mi hilo. Mis dedos acariciaron el mango dorado. Años atrás, había elegido esta hoja para él, para hundirla en su piel con ...